-Patronio, me han ofrecido dos caballos
salvajes, y no sé que hacer con ellos, son feos y mugrosos, pero me
los ofrecen sin cambio alguno, ¿qué puedo hacer?
-Señor conde -dejo Patronio- había un
pobre viejo pidiendo comida en la plaza del pueblo. Era un caradura e
iba preguntando de puerta en puerta si le podían dar algún
alimento, que no tenía nada para sobrevivir. Cuando al señor le
daban un trozo de pan duro, él se lo daba a las bestias y a los
animales, creyendo que la suerte estaba de su parte, y el próximo
donativo sería un buen trozo de carne. Entonces, cuando terminó el
día, al viejo le dolía la tripa por no probar bocado, y las bestias
de los desconocidos estaban bien alimentadas.
>>Señor , a caballo regalado no
le mires el diente, dos caballos sanos y regalados son mejor que
ninguno. Conformese con ellos, y no ponga pegas, ya que no le han
costado nada y los va a aprovechar.